Liga de Naciones y Fascismo
Por Alberto Adriani.
Artículo transcrito del libro Labor Venezolanista: Estímulo de la Juventud, 2.ª ed., Caracas, 1946, pp. 93-95, dirigida y aumentada con notas de Rafael Ángel Rondón Márquez.
Nota de Rafael Ángel Rondón Márquez
Los siguientes son fragmentos de una carta, publicados en “El Impulso”, de Zea, en julio de 1924, En ellos Adriani tiende a refutar conceptos pesimistas que ya se formulaban contra la Liga de Naciones: conviene en que la institución no es perfecta pero que así o en otra forma es un organismo que hace falta en los momentos que entonces vive la humanidad. En cuanto al Fascismo, confiesa que no se fija mucho en su ideología sino en sus realizaciones prácticas ante los graves problemas que legó a Italia la primera guerra mundial.
Artículo de Alberto Adriani
Ginebra, febrero de 1924.
Liga de naciones
Veo que no eres partidario. Sí, muchos no son partidarios. Piensas que es como una caricatura de la organización que en un momento se creyó posible. Creo que toda la cuestión está en distinguir entre la idea, entre la institución ideal, y la construcción que ha podido edificarse en la realidad.
La idea es indudablemente noble, eficaz, humana. Ni es, en mi opinión, una construcción aérea, absurda como algunos han osado afirmarlo. Ella corresponde a una necesidad de nuestra época, a una etapa de la evolución del mundo, que se acerca más o menos velozmente. Las comunicaciones crecientes entre los pueblos han creado ya una solidaridad casi completa en la vida económica, y, por ella, en la vida social y en la vida política. En estos dominios el aislamiento es una excepción inconveniente. En todos los dominios la interpenetración crece, la interdependencia aparece. No hay que hacerse ilusiones: las fuerzas que trabajan hoy por la unificación del mundo son irresistibles. Basta para convencerse leer el sumario de las organizaciones internacionales publicado por la Sociedad. En todos los dominios, en los campos más diversos de la actividad humana, se realiza ya la colaboración internacional. Una red innumerable de asociaciones trabajan para imponer los nuevos métodos y las nuevas concepciones.
Resumiendo: la Liga no es sino uno de los aspectos de un vasto proceso de unificación del mundo. Responde a las necesidades y a las aspiraciones de nuestra época. La Liga actual podrá extinguirse. Otro organismo más o menos semejante deberá crearse, que represente en el campo político los intereses generales del mundo, que, debido a la interdependencia creciente sufre de las perturbaciones de no importa qué país. El mundo tiene un sistema nervioso único: toda perturbación local tiene sus repercusiones generales.
Vamos a la institución salida de Versalles. Ella no es perfecta. Sin embargo, ha hecho una obra meritoria. La obra que era posible hacer. La Liga es una asociación de Estados: si esos Estados están anarquizados; si hay entre ellos oposición de intereses; si después de la gran guerra no hay ninguna fuerza política hegemónica y absolutamente respetable, no es de esperar que la Liga, que es una expresión de esos mismos Estados, pueda imponerse. Es que existen varias contradicciones, una de las cuales es muy importante: se quiere que la Liga tenga un poder y realice una obra, pero todos los países están de acuerdo en que ella no debe ser un Super-Estado. Hay que decirlo claramente: es solamente en el caso de que la Sociedad sea un Super-Estado; en que tenga un poder propio, posibilidades de iniciativa espontánea, que se tiene derecho a esperar de ella una obra eficaz. No obstante sus defectos, su inconsistencia, etc., la vida de la Sociedad está asegurada. Nuevos intereses se agrupan cada día en torno a ella. Austria, Hungría régimen de los Estrechos, aplicación de los tratados de paz, hacen necesaria su existencia. Es un laboratorio interesantísimo en los dominios político, social, económico, etc. No tiene sino cuatro años. Es necesario pensar en los siglos que necesitó la formación de los Estados nacionales.
Fascismo
Espero hacer un nuevo artículo (el anterior para “Cultura Venezolana”) en el cual trataré del Fascismo como sistema de gobierno, sin detenerme en su ideología, sino fijándome casi únicamente en sus resultados, en la utilidad que ha prestado a Italia y a Europa. Quiero referirme, sin embargo, a algunas de las ideas expresadas en tu carta.1
El Fascismo no es un episodio pasajero. Hunde sus raíces en la más pura tradición latina e italiana. El Estado fascista es el Estado romano que la iglesia mantuvo en su organización férrea; el mismo Estado de “El Príncipe” de Maquiavelo. No obstante la diversidad de puntos de partida, se llega a los mismos resultados que con el liberalismo. Para el fascismo la nación es lo más importante; acepta la libertad desde un punto de vista nacional; quiere la igualdad, pero se fija en las posibilidades; quiere, si es posible, hacer de todo el país una vasta aristocracia, pero se niega a destruir la élite para poner todo el mundo a nivel de los últimos.
Sin embargo no me fijo mucho en la ideología. Creo que ella tiene una importancia secundaria porque todas las ideologías son más o menos verdaderas. Todos los problemas tienen más de una solución satisfactoria. Lo que me importa son los hombres: la fuerza de su inspiración, el vigor de su fé, el poder de su voluntad. Y después, me parece que lo que importa es observar los resultados. A pesar de todo no hay sino un criterio para juzgar de estas cosas, un solo criterio aceptable: la eficacia. Contarle los años a la ideología: discutir abstractamente, tarea vana.
Mussolini se ha revelado un hombre de Estado excepcional: su labor en quince meses de gobierno es gigantesca. El prestigio de Italia hoy es más alto que nunca. En ltalia hay un maravilloso fervor de vida nueva. La nación está en el alba de una nueva ascensión. La teoría ha dado buenos resultados. Es buena. Se entiende: ha dado buenos resultados en Italia. Es posible que un método absolutamente diverso, dé resultados en Inglaterra. Maravillosa prueba de la relatividad de todas las ideologías.
Sobre la labor económica, política, social y los resultados del fascismo italiano, véase Alberto Adriani, Labor Venezolanista: Estímulo de la juventud, 2.ª ed., Caracas, 1946, pp. 99-101. Puedes leer este artículo disponible en nuestro archivo.



